lunes, 18 de mayo de 2020

VIOLENCIA DOMÉSTICA, LA OTRA PANDEMIA


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VIOLENCIA DOMÉSTICA, LA OTRA PANDEMIA

Por Silvina Cotignola

La violencia doméstica se agrava en las situaciones de emergencia humanitaria, gran parte por las reiteradas desigualdades de género.

Para hacer frente a la actual crisis sanitaria mundial, se han tomado diversas medidas específicas que pueden conducir a un considerado aumento de la violencia doméstica en detrimento de mujeres, personas con discapacidad y adultos mayores en su mayoría. Estos son datos brindados por informes policiales y líneas directas como el 144.
Así es, que este terrible flagelo (el de la violencia domestica) viene aumentando considerablemente en múltiples naciones, ya que las medidas, que imponen el aislamiento obligatorio, conminan a dichos grupos vulnerables a permanecer en sus hogares, bajo el mismo techo que sus propios perpetradores. Así pues, la casa es el lugar más peligroso para estos grupos vulnerables, puesto que las conocidas restricciones para la circulación pueden exacerbar las tasas de violencia doméstica en cuanto a su frecuencia, severidad, y peligrosidad.

Según una socióloga de la Universidad de Bristol, quien estudio acerca de las relaciones abusivas, sostiene que "La violencia domestica aumenta, cada vez que las familias pasan más tiempo juntas, como en las vacaciones o las fiestas de Navidad y fin de año".

El Coronavirus está teniendo un gran impacto en varios grupos de mayor vulnerabilidad, entre los que se destacan: las mujeres, niñas y niñas y mujeres con diversas discapacidades, las cuales se ven obligadas a compartir el confinamiento con familiares o convivientes que no las apoyan, aumentando de ese modo, su concreta exposición a la violencia, ansiedad y depresión. Claro es, que la situación de los adultos mayores, es tan alarmante como la situación de las antes mencionadas. Así pues, se han reportado clausura de hogares y residencias atento al manejo de los contagios por el Covid 19 dentro del ámbito institucional.
Por otra parte, los métodos que permiten que un ser humano controle a otro, son generalmente consistentes. 

Además de la violencia física, que no está presente en todas las relaciones abusivas, las herramientas comunes de abusos incluyen casi siempre, el aislamiento de los amigos, familia y hasta de sus trabajos, existiendo en consecuencia, un tipo de vigilancia constante, con reglas estrictas y detalladas para el comportamiento, como así también, restricciones en el acceso a necesidades básicas como la alimentación, vestimenta e instalaciones sanitarias. Por ende, el aislamiento/cuarentena obligatorio, por vital que fuere para la lucha contra la pandemia, sin duda alguna, le otorga mayor poder al abusador que ahora además tiene la oportunidad de imponer la forma como debe llevarse a cabo tal confinamiento en el mismo hogar.
En Europa, un país tras otro, parece haber seguido el capítulo de China. Primeramente los gobiernos dispusieron los aislamientos, sin tomar medidas suficientes para la atención y contención de víctimas de abuso doméstico. Italia, fue el primer estado en disponer el cierre social, a principios de marzo. Poco después de ello, los episodios de violencia comenzaron a incrementarse, pero no había ningún lugar al que pudieran ir las víctimas. Por ello, las autoridades decidieron requerir habitaciones de hoteles para que sirvieran como refugios. España, anuncio su cuarentena obligatoria el 14 de marzo, y Francia lo inicio 3 días más tarde. Y, ante idéntica escalada de violencia, aquellos estados adoptaron medidas similares a la de la península itálica. En Gran Bretaña, las autoridades esperaron más tiempo antes de disponer el aislamiento. Por su parte, en Argentina se tomaron algunas medidas, como pedir un barbijo rojo para que pueda brindarse ayuda a la víctima en las farmacias. Asimismo, el Ministerio de Mujeres, Genero y Diversidad de la Nación dispuso que las mujeres con o sin discapacidades, niñas, adolescentes, adultas o adultas mayores, están exceptuadas de mantener el aislamiento para poder realizar la denuncia o pedir asistencia ante situaciones de violencia.

En otro orden de ideas, vale soslayar que las mujeres se verán indudablemente más afectadas que los hombres por la crisis económica que seguramente seguirá tras la pandemia.
Atento lo antedicho, no cabe duda que la pandemia por Covid 19 es una nueva evidencia de la desigualdad de género. Así lo refieren las cifras de la OCDE: el 70% de los trabajadores sanitarios son mujeres, gran parte de las funciones de cuidadoras no remuneradas son efectuadas por mujeres y la crisis que llegara tras la pandemia, golpeara más a las congéneres. De allí, que sea una obligación estatal, ofrecer apoyo continuo tanto a la salud física y mental de dichos grupos etarios y fundamentalmente, para propiciar su independencia económica, más allá del Covid 19. En conclusión, solo resta señalar, que la violencia doméstica se agrava en las situaciones de emergencia humanitaria, gran parte por las reiteradas desigualdades de género.
En este somero vuelo rasante, he procurado poner en el tapete una realidad, muchas veces silenciosa pero altamente riesgosa. Esperar que en poco tiempo surja una vacuna para neutralizar al Covid 19 es el anhelo de todos, pero sería igualmente importante, aprovechar este infortunio sanitario para erradicar las prácticas que hasta el día de hoy, siguen configurando abusos y violencia contra los grupos mal llamados "vulnerables". Por todo ello, vuelvo a invitarlos a que "Ejerzan sus Derechos porque su Ejercicio no constituye meros Privilegios".

Silvina Cotignola / Abogada especializada en discapacidad, salud y familia / 
EMAIL: smlcoti@hotmail.com

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